Día de la poesía con Librería Studio

Día de la poesía con Librería Studio

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Aquí te dejamos dos poesías de nuestros apreciados Julia Flores y Miguel Bonillo

EL VERSO QUE LATE EN SU COSTADO
Dedicado a quienes empiezan a escribir sus primeros versos.

Era apenas adolescente, aún necesitaba el oasis del sueño en medio de la noche. Me dijo su secreto casi sin darse cuenta, dejándolo escapar desde su alma:

“yo no soy poeta”.
Pero yo he oído cómo siente
sus versos
cuando el silencio calla en el andén del día
y una luna de hojaldre le deshoja la vida
recién descubierta.
Todo es nuevo,
como recién creado para llenar sus alas de horizontes. Son nuevas las miradas que se encienden
en la tímida boca,
nuevo el rubor
del beso que despunta,

nuevo el deseo que arrebola el suspiro.
Son nuevas las sonrisas por todo y por nada. Son nuevos los momentos del tiempo

que no tienen medida establecida.
Son nuevas las palabras para nombrar las cosas
que parecen distintas.
Con el amor primero el mundo entero acaba de nacer y lo guarda insolente en sus bolsillos.
El amor le ha traído avidez en la boca,

el deseo en las manos
buscando la tibieza del pecho palpitante.
Con el amor despierta también a un dolor punzante,
ignoto y acerado que se bebe su vida.
A solas con la noche, con los relojes rotos
emerge ese latido que habita en su interior
y se refugia en un pretil de sueños,
y entonces, desnudo e impúdico
se le presenta el verso, en ataque frontal,
y un ardor mineral e incandescente le quema en el costado.

Esa es la hora en la que habla su alma y las alondras le vuelan en los ojos
y en las manos, como pétalos de nieve. Cuando nadie lo ve tantea su corazón en un pulso párvulo y atrevido

que incluso le sonroja y le enciende la lava que despierta en su pecho.
Cuando nadie lo ve
se torna transparente su mirada

sin ninguna sombra
que le oculte la luz que va irradiando.
Le escribe a ese amor, a ese dolor,
a ese que hace que le aniden los peces en el cuerpo, y le crezcan mariposas en los pies.

A ese que no sabe su existencia,
ni los pasos que da jugando con su sombra,
que no conoce la miel que se derrama de sus ojos.

Cuando nadie lo ve grita el dolor que causa el hueco de la ausencia invertebrada,
la hondura oxidada que le deja
no poder poner nombre al momento infinito que guarda en sus papeles.

La angustia se le ciñe a la cintura
porque el verso se ha roto en el corto camino del lápiz al papel.
Pero basta un instante,
una mirada apenas perceptible
y dibuja esperanzas en el alba
y entonces le florecen los versos
que jalonan sus caminos solitarios
y deshabita toda la luz diurna,
y enlaza las palabras en su pecho
con tanta fuerza
que salen por su boca, inaudibles e inconexas, pero palabras, rotundas palabras,
que serán materia viva de sus versos,
aunque diga “yo no soy poeta”.
Me dijo su secreto casi sin darse cuenta, abriéndome su alma de par en par.

Julia Flores-Arenas

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METAMORFOSIS

Yo era, amigos, un ente que vagaba envuelto en la tristeza y el hastío, ahíto de trabajo y sinsabores
no creía en el hombre ni en su Dios.

Desprovisto, por tanto, de ideales, sin rumbo ni timón, a la deriva, zozobraba en la vida, cual la barca que, sin dueño, se agita entre las olas y embate en el cantil.

Flautista de Hamelín con las desgracias, me seguían tenaces.

Yo era, amigos, un ente empecinado en negarle morada a la alegría
y solar a la sana convivencia.

No entendía de filias y hermandades y por eso, tal vez, erraba solo.

Ni Sancho ni Quijote, sólo asceta, ególatra, misántropo y obsceno, mirándome el ombligo.

Y poco más había
en el triste diario de mis sueños,
(más que sueños, insomnios y vigilias).

Yo era, amigos, un ente que ignoraba
que el hombre se hace grande con la entrega y creía tan sólo en el vil ego.

Sin lucidez de imprenta,
en los lúgubres antros de mi mente la oscuridad reinaba
y todo en derredor era penumbra
y, en consecuencia, confusión y caos.

Pero llegó ella a mí, cierta mañana, como el día,

dando fe de que existe la hermosura.
Yo era, amigos, ya un hombre que sabía

que el dolor de la madre es infinito cuando le falta el hijo
de una forma brutal y despiadada.

Y que nada se iguala al sufrimiento de un corazón de madre atribulado
y por la pena roto.

Y sabía también que a un hombre negro no le impide el color que sea mi hermano.

Yo era, amigos, ya un hombre que luchaba, con las armas del verso y de la prosa,
contra toda injusticia y desafuero,
allí donde estuviesen.

Y sentía,
de nuevo, renacer mis ilusiones que creía perdidas.

Caminaba, soñando, con la gente, compartía sus mismos sinsabores, también sus alegrías,
en resumen, volvía a vivir la vida.

Yo era, amigos, ya un hombre sin prejuicios, afecto al indigente y la ramera,
que sentaba a su mesa al pordiosero,
sin pararse a pensar si era gitano,

payo o negro,
sin el lastre de absurdas conveniencias.

Que aprendía a saber mirar las cosas con los ojos del alma y de la mente.

Yo era, amigos, ya un hombre que soñaba los sueños que soñaron antes otros, sabiendo de amistad y compromiso,
de amor y desamor, de luces y de sombras.

Que sufría
el dolor de los seres marginados.

Y sabía de dioses antiquísimos y náyades y sílfides preciosas.

Yo era, amigos, ya un hombre que añoraba los años de niñez desperdiciados
en crueles trabajos y fatigas,
sin lugar para el ocio
ni el resquicio más leve a la cultura,
cruel e ingratamente.

Que empezaba a saber de altas promesas, también de desengaños,
y del dolor ajeno…(él también duele).

Yo era, amigos, ya un hombre que bebía en las fuentes didácticas del verso
la ambrosía divina,
y contemplaba el mundo sorprendido
y arrobado
de aquella compañera
que había llegado a mí
como un rayo de sol en la alborada.

Mi dulce y fiel amada: ¡La Poesía!

Miguel Bonillo Collado

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A LA MANCHA

Rica tierra de La Mancha,
Tierra seca, tierra llana,
¿por qué, con tanta riqueza,
fuiste siempre abandonada?

Cuando pone el labrador
su mano sobre el arado
y desgarra tus entrañas,
tus riquezas van brotando.

Verde esmeralda es el manto
qué te cubre en primavera;
en el verano, dorado
cuál cabello de doncella.

¡Qué te diré del otoño
si es inmensa tu riqueza
pendiendo bellos racimos
de tus muy pomposas cepas!

En tu invierno crudo y frío
el cazador se entusiasma
cuando le salen a tiro
las perdices a bandadas,

y en tu paciente reposo
tierra seca, tierra llana
esperas que el labrador
vuelva a rasgar tus entrañas.

Tienes el mejor tesoro
que dio la naturaleza
tus rebaños, tus viñedos
y tus mujeres manchegas.

Dando honor a tus riquezas
Cervantes le puso el broche:
manchega es la Dulcinea
y el valeroso Quijote.

Tierra rica de La Mancha
tierra llana, tierra seca
¿por qué fuiste abandonada
teniendo tanta riqueza?

Gonzala López Tribaldos 1980

Recibida de M. Carmen Romera.

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📽 Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández

Caridad García Alcolado
🎤 Voz de una de las socias y compañeras de Asoc. Feminista Las Milenrama

Roxana Iris Pop

marzo 21, 2021

II Premio de poesía infantil Gloria Fuertes

marzo 21, 2021

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  1. Muchas gracias, Studio por compartir estos poemas. Feliz Día de la Poesía.

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